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La Vida

A veces no hay mejor momento para reflexionar sobre la vida y sobre NUESTRA vida, que la muerte de un ser querido. Muchas veces la pérdida de una persona importante nos hace pensar en lo que tenemos, en lo que somos, en cómo nos gustaría ser o vivir. Nos da pie a analizar el momento en el que nos encontramos.

¿Alguna vez se han preguntado cómo verían su vida si supieran que está por acabar? ¿Estarían satisfechos con ella? O, mejor dicho, ¿estarían satisfechos con ustedes mismos? Para ser sincera, no son preguntas que me hago muy seguido, en parte creo porque me da miedo darme cuenta que aún hay muchas cosas que me gustaría hacer, en parte porque la muerte no ha sido nunca uno de mis temas preferidos (y ahora que tengo hijos, por distintas razones, lo es menos aún).

Lo cierto es que la partida de mi Mamama, mi abuelita de 101 años, me ha hecho pensar en muchas cosas, quizás hasta me ha hecho ver con claridad cosas que no estaba dispuesta a ver. Me ha hecho pensar en cómo quiero sentirme en esta vida, en qué quiero para mi y para mi familia, en cómo creo que hay enfrentar el día a día.

Si tengo que elegir una cosa que recordar de mi Mamama, sería su entusiasmo por la vida. En serio, creo que no es fácil encontrar a alguien con tantos años que todavía tenga tantas ganas de hacer cosas, que se emocione tanto con las cosas simples, que no se quiera perder nunca nada.

¿Cuántas veces nos sentimos cansados? ¿No les pasa que a veces se sienten constantemente con flojera, con ganas de marmotear tirados en el sillón sin hacer nada? ¿Qué el sólo hecho de pensar en salir los agota? ¿Que para ir a un evento social tiene que venir alguien prácticamente a arrastrarlos de la casa? Yo siento eso con frecuenta (otra cosa es que no pueda hacerlo pero las ganas están) y, desde más joven muchas veces necesitaba que mi mejor amiga que saque a empujones de la casa. Mi Mamama no (o al menos no, considerando la edad que tenía), ella tenía siempre ganas, todo la ilusionaba, para todo se preparaba con esmero, se maquillaba, alistaba su cartera, se alistaba como si estuviese por ir a un matrimonio.

¿Cuántas veces salen “descachalandrados” en ropa de deporte y con el pelo más despeinado que peinado o con una cola o moño hecho a la mala? Yo a cada rato, mi Mamama nunca. Hasta el final se preocupó de estar bien peinada, bien teñida, le pedía a las enfermeras que le pintaran las uñas. Claro, mucho hay de su personalidad en estos gestos…pero más allá de las diferencias particulares de cada uno, creo que de sus acciones podemos inferir sus ganas por estar siempre ahí, por no perderse nada, especialmente en sus últimos años.

Siempre me acordaré del segundo cumpleaños de mi hija mayor, vinimos de Budapest a celebrarlo en Lima. Mi pobre hija se había contagiado de Manos, Pies y Boca una semana antes de viajar y, como correspondía, avisé a los invitados que, aunque ya había pasado la etapa más contagiosa del virus, preguntaran a sus pediatras por si querían confirmar si era seguro traer a sus hijos. Mi Mamama era parte del grupo vulnerable al virus con sus 99 años, sus enfermeras le aconsejaron que no fuera a la fiesta, pero ella se negó, les dijo que no había manera de que ella se perdiera la celebración de su bisnieta…y fue, fue bien contenta y (felizmente) no le pasó nada.  Cuando supe que iría, imaginé (y nunca lo confirmé) que ella pensó que a esa edad perderse eventos importantes de tus seres queridos por cuidarse mucho sería como empezar a dejar de vivir, como morirse de a pocos, y que creyó que no valía la pena.

Aunque siempre lo he dicho, ahora se más que nunca que la vida hay que vivirla al máximo, que hay que ponerle ganas. Hay que rodearnos de gente que nos aporte cosas buenas, que nos de alegría. Hay que vivir en paz, tranquilos. Es verdad, todos estamos cansados y tenemos mil cosas en la cabeza, pero cuál es el chiste de estar acá si no es para sacarle el jugo a cada momento, para disfrutar cada pequeño oportunidad con la gente que uno quiere, para gozar la sonrisa de nuestros hijos, para emocionarnos con las carcajadas de los niños, con los abrazos de los más grandes.

La vida es una y no todos vamos a tener la suerte de vivirla (y vivirla con salud) por 101 años, no la dejemos pasar, vivámosla.

2 Comentarios

  1. Carmela Alva el abril 21, 2017 a las 6:00 pm

    Me encanta leerte, es como si estuviésemos sentadas en un sillón con un rico café conversando y reflexionando sobre la vida!

    • Moci Ferradas el abril 22, 2017 a las 11:46 am

      ¡¡Gracias por leerme!! ¡Creo que escribo como hablo!

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